Familia.

La dislexia: conoce sus síntomas y tratamiento.

14 Nov , 2016  

Es importante tener en cuenta que la palabra DISLEXIA proviene del griego y significa dificultad con el lenguaje.

Es con esta definición con la que nos sentimos más identificados, ya que hemos podido constatar que frecuentemente la dificultad con la lectura viene también acompañada con dificultades en la escritura (disgrafía) y/o con la ortografía (disortografía).

Sin embargo, es necesario saber, que muchos teóricos traducen el término dislexia como dificultades en la lectura.

Según la International Dyslexia Association, la dislexia es una dificultad específica de aprendizaje cuyo orígen es neurobiológico.

Se manifiesta en el aprendizaje de la lecto-escritura, presentando dificultades en el proceso lector, como también en la escritura y en la ortografía y, en general, con todo lo que tenga que ver con la decodificación de los símbolos que nosotros mismos hemos creado para nuestra comunicación (las letras y los números).

La mayoría de los estudios coinciden en que la dislexia se transmite de forma genética, y por ello, resulta muy frecuente encontrar en una familia a más de una persona con dislexia.

Es independiente de cualquier causa intelectual, cultural y emocional, y se da a pesar de una inteligencia normal o por encima de la media.

El diagnóstico

Aunque nosotros recomendamos en todo momento que la persona con dislexia disponga de un diagnóstico fiable, también resulta necesario mencionar que no existe ningún examen “biológico” que pueda darnos un resultado inequívoco de la existencia de una dislexia.

Sí existen ciertas pruebas psicopedagógicas que los especialistas familiarizados con la temática realizan para poder llegar a un diagnóstico certero y preciso, pero son las características las que nos harán sospechar en un primer momento que se puede tratar de una dislexia.

No todas las personas con dislexia experimentan los mismos síntomas, pero sí hay algunos en común, en los que podemos ver reflejados a nuestros/as hijos/as.

Cuando sospechemos en alguna medida que nuestros/as hijos/as pueden ser personas con dislexia, no debemos dejarnos desalentar o influir negativamente, echando al olvido esta suposición, simplemente porque algún profesional niegue rotundamente que se trata de dislexia.

No todos los especialistas “conocen” o “quieren conocer” el fenómeno de la dislexia, por lo que debemos insistir y buscar profesionales que sí puedan afirmar o negarlo con las pruebas pertinentes, ya que de lo contrario perderíamos un tiempo irrecuperable en el que nuestro/a hijo/a puede aprender como manejar su distinta manera de percibir la realidad, y en el que nosotros mismos podemos ofrecer mayor comprensión y ser un apoyo real para nuestros/as hijos/as.

Deteccion de la dislexia

Aunque en una edad temprana existen ciertos indicios de que un/a niño/a pueda tener dislexia (véase nuestro apartado de los síntomas).

No podemos asegurar que realmente se trata de una dislexia hasta que el/la niño/a llega a enfrentarse con el mundo de los símbolos, que ya suele ser en Educación Primaria.

Es ahí cuando el profesorado juega un papel importantísimo, pues son ellos los que en primer lugar deberían detectar que el/la alumno/a no puede seguir el ritmo lector de sus otros/as compañeros/as de clase.

Aparecen todos los demás síntomas de la dislexia, y al no ser detectados ni intervenidos, la dificultad va siendo cada vez mayor, presentándose cada vez con mayor claridad un posible fracaso escolar.

En la etapa de los 7 años los síntomas más habituales son:

  • Omisiones, sustituciones, inversiones, distorsiones o adiciones de letras, sílabas y/o palabras;
  • Rectificaciones, lectura lenta con vacilaciones, silabeos y pérdidas de la línea;
  • Falta de comprensión lectora debido al sobreesfuerzo del/la alumno/a para descodificar los símbolos.

En niños/as entre 2º y 3º de Primaria (algunos/as pueden ser repetidores) podemos encontrar una mayor dificultad en relacionar ciertas letras con sus sonidos correspondientes, por lo que la lectura sigue siendo demasiada lenta e insegura para su edad.e4575db5791b7fc4cd5b27df2d677b78

Tipos de dislexia

La dislexia siempre ha sido muy cuestionada, y nos podemos encontrar con que muchos especialistas mantienen actitudes opuestas al término dislexia, prefiriendo utilizar términos como dificultades en la lecto-escritura o trastorno específico de la lectura. (Véase los manuales de DSM IV y CIE 10 aceptados por la OMS, Organización Mundial de la Salud).

Incluso muchos otros profesionales niegan la existencia de la dislexia, algo que dificulta enormemente el manejo adecuada del fenómeno, y provoca, en la mayoría de los casos, el sufrimiento innecesario del individuo con dislexia.

Sin embargo, los resultados de todas las investigaciones han dejado claro que la dislexia sí existe, y además con una base neurológica clara.

Además los investigadores han llegado a la conclusión en diferenciar dos tipos de dislexia:

  • Dislexia adquirida: Es una dislexia que el individuo puede sufrir como consecuencia de una lesión cerebral, y que se manifiesta en aquellas personas que tras haber logrado un determinado nivel lector, pierden algunas de estas habilidades.
  • Dislexia evolutiva: Es una dislexia que se manifiesta sin ninguna razón aparente en los/as niños/as presentando dificultades en el proceso de la lecto-escritura.

Tratamiento de la dislexia

La dislexia puede ser tratada, y los resultados que se obtienen suelen ser muy positivos. Para ello es fundamental conseguir un diagnóstico a tiempo y conocer con precisión el tipo de dislexia que sufre el paciente.

En niños hasta los nueve años, el tratamiento asegura una recuperación total o casi total. Después de los 10 años resulta más complicado el aprendizaje de determinados parámetros y, por tanto, suelen requerir terapias más largas.

El tratamiento de la dislexia debe ser completamente personalizado y adaptado a la edad y síntomas del paciente; cada niño sufrirá diferentes carencias y requerirá que se haga especial hincapié en distintos aspectos.

La manera de superar la dislexia consiste básicamente en aprender a leer y escribir de nuevo, adaptando el ritmo de aprendizaje a las capacidades del niño.

Este es un trabajo muy duro para un niño de cualquier edad, y es muy fácil que pierdan el interés rápidamente o que se den por vencidos.

Por ello, es primordial en todos los casos crear interés, motivar, y llevar a cabo la terapia con actividades que no resulten tediosas.


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Kimelly Ruiz

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